jueves, 14 de noviembre de 2013

EUDISTAS EN COLOMBIA

LA HISTORIA DE LA PROVINCIA EUDISTA
DE COLOMBIA





 De 1883 a finales del siglo

  1. El 1º de diciembre de 1883 desembarca en Cartagena de Indias (Colombia), procedente de Francia, el padre Teodoro Hamón para tomar allí la dirección del Seminario, del que la Congregación acababa de encargarse por petición expresa del papa León XIII. El P. Francisco Dufouil, que venía de Estados Unidos, se le unió un poco más tarde y los dos se pusieron a la obra, con una fe y una generosidad que ninguna dificultad pudo destruir. Su abnegación y la de los cohermanos que vinieron luego a ayudarles dieron frutos perdurables: poco a poco la CJM (Congregación de Jesús y María) se encargó en Colombia de otros seminarios y de otras obras apostólicas; encontró allí vocaciones que le permitieron enraizarse; y pudo, también, responder llamadas de otros países de América Latina. Hoy, además de la Provincia de Venezuela, la Provincia de Colombia se extiende a lo largo y ancho del continente: estamos en 10 países (Brasil, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Chile, Honduras, México, Nicaragua, Perú, República Dominicana).
            El P. Angel Le Doré, Superior General de entonces, añoraba que la CJM volviera al trabajo inicial de la formación en los seminarios. La ocasión se presenta cuando el Papa León XIII, buscando satisfacer a Monseñor Biffi, Obispo de Cartagena, le pide que la CJM se encargue del seminario diocesano. El 1º de diciembre de 1883 este deseo se hace realidad. Primero, los PP. Teodoro Hamón y Francisco Dufouil; luego, un año después, llegarán los padres Claudio Garnier, Luis Delaunay y Gabriel Mallet. En 1885 la comunidad eudista se consolida, los padres se hacen conocer, predican, misionan, sacramentalizan. Luego, en 1886, llegarán los padres José Fouyard y José Tressel... Cartagena está lista para ser la puerta de otras fundaciones en Colombia.
    En 1888 asumirán la dirección del seminario de Santa Fe de Antioquia los padres Felix de Martini y Emilio Gobert. Luego, en 1890, los padres Fouyard, Tressel, Viel y Piriou asumirán la dirección del seminario de Pamplona... Ya los padres pensaban en la necesidad de un noviciado propio para las vocaciones eudistas que van surgiendo, así como la de un "vicario provincial". Los problemas con los Obispos no han faltado, las dificultades para la promoción de vocaciones son fuertes, las distancias son enormes, las situaciones socio-políticas siempre afectan... pero la esperanza, las ilusiones y la alegría son inmensas. La Asamblea General de 1891 aprueba estas necesidades y el 26 de octubre de 1892, el Consejo General nombra al P. Felix de Martiní como Vicario del General en Colombia. Será, de cierto modo, el primer "provincial" de estas tierras, establecido en la ciudad de Cartagena de Indias. Ya varios colombianos habían ingresado a la CJM: Erasmo Arrieta, Jesús Amador, Francisco Toro y Luis Vásquez. Igualmente, se había asumido la parroquia de Sabanalarga, que comprendía una docena de pueblitos. En 1898, el Superior General, P. Le Doré, visita por primera vez, la obra en Cartagena. El fin del siglo viene con la Guerra de los Mil días y la muerte del P. Hamón, después de 17 años en Colombia. Fue su prudencia la que sostuvo a los padres en los duros acontecimientos, fue su santidad la que hizo florecer y crecer a la comunidad en el primer cuarto del siglo XX. Sobre su tumba nació la Provincia Eudista de Colombia.

     
    Los primeros 25 años del siglo XX
    Del 27 de diciembre de 1905 al 4 de enero de 1906 se realizó la primera Asamblea Provincial. Cada uno de los superiores presentó el informe de la respectiva obra; se habló largamente de los planes de estudio; se estableció que se abriría una casa de formación en el interior del país; se manifestó el deseo de tener una traducción española de algunos libros de San Juan Eudes; se invitó a los padres jóvenes a no dejarse llevar del desaliento por las incomodidades y sufrimientos que acompañan el trabajo de aclimatación en un país extranjero. El P. General aprobó las actas que se convertirían en reglas prácticas de la provincia naciente. Posteriormente, la Asamblea General del mismo año, nombraría como segundo Vicario Provincial al P. José Fouyard. Durante catorce años, el P. Felix de Martiní había manejado la Provincia, con mano fuerte (como era el estilo de la época), pero fortaleciéndola y haciéndola fecunda. Él es el verdadero fundador de la Provincia de Colombia.
            En esos primeros años del siglo se realizaron algunas fundaciones fuera de Colombia (Panamá, Santo Domingo) que no duraron mucho tiempo, y se renovó la presencia eudista en las parroquias de la Costa Atlántica de Colombia (Turbaco, Arjona, Arenal). Pero lo más importante, va naciendo un Juniorato para las vocaciones eudistas: el año de 1908, además de la beatificación de Juan Eudes, celebrada ampliamente en Colombia, trae la apertura del Juniorato en San Pedro (Antioquia), cuyo primer superior fue el padre Antonio Gastón. Era el regalo adecuado para los primeros 25 años de los eudistas en Colombia. El informe del visitador general, P. Lebastard, en 1910, hablaba claramente de la situación: "Si las comunidades de Colombia continúan como van, la estimación que se tiene por la Congregación crecerá cada vez más; el juniorato nos dará más eudistas y la comunidad se propagará en Colombia y en otros países de América del Sur"…Palabras de algún modo proféticas…Mientras tanto se abrían para los eudistas, aunque por poco tiempo debido a la Revolución, las tierras mexicanas (Saltillo, Jalapa).Comenzaban los sueños por una implantación seria en tierras del Caribe.
            El Juniorato exigía el noviciado (que hasta ese momento se realizaba en Europa). Se pensaba en Bogotá y se envió, para iniciar el proceso, al P. Felix de Martiní . El P. Evanno terminó iniciando la obra en predios de San Cristóbal, cerca de Bogotá. Oficialmente el noviciado se abrió el 2 de julio de 1912, con cuatro aspirantes, en la Quinta Minard de San Cristóbal. Al frente del mismo quedará el P. Joaquín André. Al año siguiente, con múltiples preocupaciones, moriría el P. Fouyard, segundo provincial de Colombia. En su reemplazo fue nombrado el P. Maturín Jéhanno, sereno y tranquilo, equilibrado y justo, no era de los que se asustaban ante los problemas. Por otra parte, la situación política era tranquila. Ejercería su cargo hasta 1926.
            El noviciado se pasó a Usaquén, cuya parroquia asumieron desde entonces, 1914, los eudistas. Así entró Usaquén en la historia de los eudistas, la cual girará a su alrededor hasta el día de hoy. Ese mismo año se asumió la parroquia de Nuestra Señora de las Angustias, en el centro de Bogotá, donde funcionaría la Casa Provincial por mucho tiempo. Entre 1914 y 1915 se cierran las obras de Santo Domingo y Santa Fe de Antioquia y se abren las de Santa Rosa de Osos y Jericó. En 1917, el papa Benedicto XV nombra al P. Joaquín García Benítez, Obispo de Santa Marta. Será el primer obispo eudista colombiano. En 1919 morirá en París el P. Angel Le Doré, Superior General de los Eudistas y creador de la Congregación en los tiempos modernos. Le sucederá el P. Alberto Lucas, quien visitará Colombia a finales de ese mismo año y presidirá la Asamblea Provincial en San Pedro. El P. Lucas regresó a su tierra encantado con la obra en América. Ya han pasado 37 años desde la llegada del P. Hamón: la provincia eudista es próspera y rica de esperanza. En 1924 se asume el seminario de Ocaña; Usaquén contaba con 25 novicios; en San Pedro había un centenar de alumnos. La hora de la canonización de Juan Eudes se acercaba: el 31 de mayo de 1925, el papa Pio XI lo haría. En Colombia las fiestas fueron inolvidables por el esplendor de las celebraciones y la devoción de los asistentes.



HISTORIA DE LA CONGREGACION

HISTORIA DE LOS EUDISTAS

 

 

 

Después de la muerte de san Juan Eudes, la Congregación continuó su desarrollo. En vísperas de la Revolución Francesa, los Eudistas dirigían quince seminarios junto con algunos colegios y parroquias.

La Revolución, en 1792, cerró las casas y dispersó a los padres. Cuatro de ellos, encabezados por el padre Francisco Luis Hébert, coadjutor del superior general, fueron martirizados en París. La Iglesia los beatificó en 1926.

 

La Congregación se reconstruyó tardíamente (1826) y con dificultad, alrededor de uno de sus antiguos miembros, el padre Pedro Blanchard. Los Eudistas se dedicaron principalmente a la tarea, entonces urgente, de la educación cristiana en los colegios. A partir de 1883, la fundación de varios seminarios en Colombia les permitió reanudar la obra tradicional de la comunidad. En 1890 se establecían en el Canadá.

En 1984, la Congregación estaba presente en ocho países a través de sus cuatro provincias: la provincia de Francia (Francia, Costa de Marfil, Benin); la provincia de Colombia (Colombia, Ecuador y República Dominicana); la provincia de América del Norte (Canadá y Estados Unidos) y la provincia de Venezuela.

En la actualidad, la Congregación está presente en varios países, con sus miembros asignados a cinco provincias y una vice provincia: la provincia de Francia, la Provincia de Colombia (Brasil, Colombia, Ecuador, Honduras, México y República Dominicana), la Provincia “Minuto de Dios” (provincia no territorial dedicada a las obras de la organización Minutos de Dios y otras misiones en Nicaragua y Perú), la Provincia de América del Norte (Canadá, Estados Unidos y Filipinas), la Provincia de Venezuela y la vice provincia de Àfrica (Costa de Marfil, Benin, Togo)

 

 

ESPIRITUALIDAD EUDISTA

LA ESPIRITUALIDAD EUDISTA






  • Es una espiritualidad cristiana de encarnación: la formación de Jesús en nosotros. Jesús asume todo lo humano (visto desde el Evangelio de Lucas), se encarna totalmente en nuestras vidas, en nuestras miserias y grandezas, y les da nuevo sentido.
  • Es una espiritualidad totalizante. Jesús penetra y transforma todo lo humano: el día, el año, el mes, la semana, la historia de salvación de cada uno (según la enseñanza de Pablo). Nada escapa a su poder ni a su actitud misericordiosa de transformarlo todo en El.
  • Es una espiritualidad cristiana integral: el ser (vida) y el actuar (reino) de Jesús es la realidad fundamental en la que tiene que insertarse el cristiano. Por todo esto es una espiritualidad totalmente cristocéntrica: Jesús lo es todo en todas las cosas y en todas las personas.
  • Es una espiritualidad profundamente mariana : la encarnación se realiza en María y a través de María. Por eso, María es tipo y figura de todo cristiano que quiera hacer vivir y reinar a Jesús.
  • Es una espiritualidad pneumatológica: el Espíritu es el autor de la encarnación del Verbo en la historia pero también es el que forma a Jesús en nosotros.
  • Es una espiritualidad cristiana de misión: evangelizadora - formadora. No sólo hace vivir y reinar a Jesús en nosotros sino que pretende hacerlo vivir y reinar en los otros y en el corazón del mundo. La evangelización es "transformar desde dentro..." (E.N. 19) con dimensión totalizante y capaz de integrar fe y vida.
  • Es una espiritualidad cristiana plenamente eclesiológica: formar a Jesús en nosotros nos inserta en su cuerpo que es la lglesia y nos compromete dentro de ella a continuar la vida de Jesús.
  • Es una espiritualidad cristiana bautismal: Por medio del bautismo formamos una alianza con Dios que nos permite continuar la vida de Jesús en el mundo. El bautismo es la veta fecunda, de donde Juan Eudes, saca los elementos fundamentales de toda la vida cristiana.
  • Es una espiritualidad de misericordia: todo el compromiso del cristiano se concentra en la actitud amorosa, misericordiosa, frente al hermano en necesidad, actitud que adquiere plenamente sentido cuando nos comprometemos con la solución concreta de sus problemas.
 Algunos textos de Juan Eudes
El celo por la salvación de los hermanos

 Si la Congregación fue establecida para trabajar en la salvación de los hombres, los eudistas recordarán que no vinieron a ella para realizar una vida ociosa y buscar sus intereses y satisfacciones sino para cooperar con Dios en esta obra salvífica que es la obra de las obras y la más divina de las acciones divinas.

Con la ayuda de Dios, cada uno se esforzará por adquirir las cualidades del hombre apostólico :

gran caridad, dulzura, afabilidad, mansedumbre y benignidad con el prójimo,una profunda humildad, modestia y pureza angelical, fuerza y paciencia infatigables,desapego total del mundo, de la familia, de sí mismo, de sus intereses e inclinaciones,una vida plenamente ejemplar, una devoción especial a María, la Virgen.

(Juan Eudes , Constituciones, o,c. IX, 241


ESCUELA FRANCESA

CONOSCAMOS LA ESCUELA FRANCESA


1. La expresión e. f. parece que fue introducida en el ámbito de la espiritualidad hacia 1913 por el sulpiciano G. Létorneau. Y quedó definitivamente acreditada por obra de H. Bremond, que la usó como título del tomo iii de su Histoire littéraire du sentiment religieux (P 1921). Bajo la pluma del eminente historiador, estas palabras reciben acepciones variadas. A veces toman un sentido muy preciso y se aplican solamente al grupo beruliano. Otras veces se aplican a movimientos espirituales de tendencias análogas, como los jesuitas discípulos del padre Lallemant. Y en otras ocasiones, finalmente, parecen designar a todos los autores importantes del siglo xvii francés. Estas vacilaciones muestran cuál es el mayor inconveniente del empleo de tal expresión: parece atribuir a los autores espirituales del clasicismo francés una unidad artificial que no existe en la realidad. Es, pues, indispensable precisar las posiciones de los diversos grupos, que han sido reducidos arbitrariamente a una unidad.


2. Durante todo el siglo xvi, por lo que se refiere a la literatura sobre devoción, Francia vivió de traducciones y préstamos. Se leyeron sobre todo Louis de Blois y los autores renano-flamencos (-> mística flamenca). Su influjo provocó la aparición de un grupo, marcado especialmente por la «mística de la esencia», al que se ha dado recientemente el nombre de «escuela abstracta». El principal representante es el capuchino Benoit de Canfield (1562-1610), con su difundida Regla de perfección (1609). Paralelamente a esta tendencia mística, las tesis optimistas de la espiritualidad humanista siguieron influyendo en muchos espíritus. Una primera tentativa de síntesis espiritual, que se caracteriza tanto por su humanismo como por su religiosidad, apareció con la obra de Francisco de Sales (1567-1622), cuya influencia fue considerable, aunque sin llegar propiamente a formar escuela. Casi al mismo tiempo aparecía el futuro cardenal Pierre de Bérulle (15751629), que con sus obras puso un sello sumamente personal en el siglo xvii francés. Venido de la escuela abstracta y formado en parte por sus contactos con el Carmelo, el futuro fundador del Oratorio descubrió, entre 1605 y 1608, los elementos centrales de su espiritualidad personal, y devolvió al misterio de la encarnación y a Jesús, Dios-hombre, el puesto e importancia primordiales que la escuela abstracta había dejado en segundo plano. En los años siguientes, sus ideas evolucionaron y se enriquecieron, pero siempre en la misma dirección. Su fidelidad a ciertos temas de la escuela abstracta y del Pseudo-Dionisio muestra ciertamente que él jamás renegó de su punto de partida. Sin embargo, en el apogeo de su producción, dedicó su obra principal Discours de l'état et des grandeurs de Jésus (1623) a la glorificación del Verbo encarnado. De ahí parte el influjo de Bérulle en la temática y terminología de la espiritualidad francesa.
Como es natural, la corriente beruliana se continuó primeramente en el Oratorio. Bérulle tuvo allí fieles discípulos y defensores. Uno de los más notables fue Guillaume Gibieuf (1591-1650), que en su obra Les Grandeurs de Marie (1637) aplicó a la Virgen los grandes temas de la teología de Bérulle. Sin embargo, su obra no alcanzó el éxito permanente de Francois Bourgoing (15851662), cuyas Vérités et excellence de JésusChrist tuvieron numerosas ediciones. Otros oratorianos, aun permaneciendo discípulos fieles de Bérulle, desarrollaron un pensamiento autónomo. Así, Charles de Condren (1588-1641). El no publicó nada en vida, pero su pesimismo y su valoración positiva de la humildad y del sacrificio hicieron escuela. La publicación póstuma de sus Lettres et Discours (1642) tuvo resonancia considerable. En la misma línea se halla Claude Séguenot (1596-1676), con su Conduite d'oraison (1634). Otros muchos oratorianos merecerían ser citados. Y sobre todo no podemos olvidar la fuerte influencia de Bérulle sobre el gran filósofo Nicolás de Malebranche (1638-1715).

3. Fuera del Oratorio, la espiritualidad de Bérulle halló un defensor y propagador ardiente en la persona de Jean Duvergier de Hauranne. Al Abbé de Saint-Cyran (15811643) se debe que la piedad de Port-Royal se acerque mucho más al pensamiento de Bérulle que al de Jansenio. En cambio, JeanJacques Olier (1608-1657) se aproxima más a Condren. M. Olier influyó fuertemente en la formación del clero francés. La obra principal de este escritor genial y profundo místico es su tantas veces admirado Journée chrétienne (1655). A nivel más modesto, los temas berulianos prosiguieron y se hicieron fértiles en la obra Royaume de Jésus (1637), escrita por Juan Eudes (1601-1680).

Es tarea difícil precisar el influjo de Bérulle fuera de los autores que dependen directamente de él. El problema reviste especial interés con relación a aquel grupo de jesuitas místicos en que Bremond quería ver discípulos de Bérulle (pero esta posición no parece aceptable actualmente). El que va a la cabeza, Louis Lallemant (1587-1635), ignaciano fiel, depende además de Harphius, Baltasar Alvarez y Teresa de Ávila. Pero en discípulos más tardíos de Lallemant, como Jean-Joseph Surin o Francois Guilloré, es probable cierta influencia del vocabulario beruliano. Y no hay duda de que, a través de Condren, los temas berulianos influyeron sobre él grupo místico de los eremitas de Caen, dominado por la interesante personalidad de Jean de Berniéres, del que dependen en cierto modo la venerable María de la Encarnación y madame Guyon. Sería igualmente fácil hallar la prolongación de algunas ideas de Bérulle en autores más tardíos, como el oratoriano jansenista Quesnel o Juan Bautista de la Salle. En cambio ha de considerarse como una arbitrariedad el intento de descubrir una relación entre Bérulle y autores que siguen un camino independiente, como Vicente de Paúl o Bossuet.

SAN JUAN EUDES

LA HISTORIA DE LA CONGREGACION DE JESÚS Y MARIA

En la segunda mitad del siglo XVI, vivía en Ri, Normandía (Francia), un granjero llamado Isaac Eudes, casado con Marta Corbin. Como no tuviesen hijos al cabo de dos años de matrimonio, ambos esposos fueron en peregrinación a un santuario de Nuestra Señora. Nueve meses después tuvieron un hijo, al que siguieron otros cinco. El mayor recibió el nombre de Juan y, desde niño, dio muestras de gran inclinación al amor de Dios. Se cuenta que, cuando tenía nueve años, un compañero de juegos le abofeteó; en vez de responder en la misma forma, Juan siguió el consejo evangélico y le presentó la otra mejilla.


A los catorce años, Juan ingresó en el colegio de los jesuitas de Caén. Sus padres deseaban que se casara y siguiera trabajando la granja de lafamilia. Pero Juan, que había hecho voto de virginidad, recibió las órdenes menores en 1621 y estudió la teología en Caén con la intención de consagrarse a los ministerios parroquiales. Sin embargo, poco después determinó ingresar en la congregación del oratorio, que había sido fundada en 1611 por el futuro cardenal Pedro de Bérulle. Tras de recabar con gran dificultad el permiso paterno, fue recibido en París por el superior general en 1623. Juan había sido hasta entonces un joven ejemplar: su conducta en la congregación no lo fue menos, de suerte que el P. Bérulle le dio permiso de predicar, aunque sólo había recibido las órdenes menores. Al cabo de un año en París, Juan fue enviado a Aubervilliers a estudiar bajo la dirección del P. Carlos de Condren, el cual, según la expresión de Santa Juana Francisca de Chantal, "estaba hecho para educar ángeles".

 

 El fin de la congregación del oratorio consistía en promover la perfección sacerdotal y Juan Eudes tuvo la suerte de ser introducido en ella por dos hombres de la talla de Condren y Bérulle.

Fue ordenado presbítero el 20 de diciembre de 1625. Durante estos años se impregnó del pensamiento espiritual de Bérulle, centrado totalmente en Cristo, y compartió su deseo de "restaurar en su esplendor el orden sacerdotal". Penetrado de este espíritu, evangelizó como misionero apostólico muchos pueblos y ciudades de Normandía, He de France, Borgoña y Bretaña.

 

Predicador Ungido

 

Pasó los diez años siguientes en la prédica de misiones al pueblo, preparándose así para la tarea a la que Dios le tenía destinado. En aquella época empezaron a organizarse las misiones populares en su forma actual. San Juan Eudes se distinguió entre todos los misioneros. En cuanto acababa de predicar, se sentaba a oír confesiones, ya que, según él, "el predicador agita las ramas, pero el confesor es el que caza los pájaros". Mons. Le Camus, amigo de San Francisco de Sales, dijo refiriéndose al P. Eudes: "Yo he oído a los mejores predicadores de Italia y Francia y os aseguro que ninguno de ellos mueve tanto a las gentes como este buen padre". San Juan Eudes predicó en su vida unas ciento diez misiones.

 

 

 

 

Una de las experiencias que adquirió durante sus años de misionero, fue que las mujeres de mala vida que intentaban convertirse, se encontraban en una situación particularmente difícil. Durante algún tiempo, trató de resolver la dificultad alojándolas provisionalmente en las casas de las familias piadosas, pero cayó en la cuenta de que el remedio no era del todo adecuado. Magdalena Lamy, una mujer de humilde origen, que había dado albergue a varias convertidas, dijo un día al santo: "Ahora os vais tranquilamente a una iglesia a rezar con devoción ante las imágenes y con ello creéis cumplir con vuestro deber. No os engañéis, vuestro deber es alojar decentemente a estas pobres mujeres que se pierden porque nadie les tiende la mano".

Estas palabras produjeron profunda impresión en San Juan Eudes, quien alquiló en 1671, una casa para las mujeres arrepentidas; en la que podían albergarse en tanto que encontraban un empleo decente. Viendo que la obra necesitaba la atención de religiosas, el santo la ofreció a las visitandinas, quienes se apresuraron a aceptarla.

Después de mucho orar, reflexionar y consultar, San Juan Eudes abandonó la congregación del oratorio en 1643. La experiencia le enseñó que el clero necesitaba reformarse antes que los fieles y que la congregación sólo podría conseguir su fin mediante la fundación de seminarios. El P. Condren, que había sido nombrado superior general, estaba de acuerdo con el santo; pero su sucesor, el P. Bourgoing, se negó a aprobar el proyecto de la fundación de un seminario en Caén.

Entonces el P. Eudes decidió formar una asociación de sacerdotes diocesanos, cuyo fin principal sería la creación de seminarios con miras a la formación de un clero parroquial celoso. La nueva asociación quedó fundada el día de la Anunciación de 1643, en Caén, con el nombre de "Congregación de Jesús y María". Sus miembros, como los del oratorio, eran sacerdotes diocesanos y no estaban obligados por ningún voto. San Juan Eudes y sus cinco primeros compañeros se consagraron a "la Santísima Trinidad, que es el primer principio y el último fin de la santidad del sacerdocio". El distintivo de la congregación era el Corazón de Jesús, en el que estaba incluido místicamente el de María; como símbolo del amor eterno de Jesús por los hombres.

Hombre de realizaciones, fundó la Orden de Nuestra Señora de la Caridad para acoger y ayudar a las mujeres y a las jóvenes maltratadas por la vida.

Sigue una amplia trayectoria de misiones (117),  funda varias comunidades; deja un legado de libros de oración y cartas de gran valor para la comunidad y la doctrina espiritual se denota su amor al pobre, al rico, al hombre, la mujer, al enfermo, al benefactor, al clero, al laico.

De mártir, su castidad, la ayuda al enfermo, el pesimismo y el dolor no le fueron un karma, sino una oportunidad de ver el amor de Jesús en su camino y la fortaleza para seguir una vida de entrega al corazón de Jesús.

Hizo amar a Cristo y a la Virgen María, hablando sin cesar de su Corazón, signo del amor que Dios nos da y de la comunión a la que estamos llamados. Para tributarles un culto litúrgico, com-puso misas y oficios e hizo celebrar la primera fiesta del Corazón de María el 8 de febrero de 1648 en Autun y la del Corazón de Jesús el 20 de octubre de 1672.

Además, con numerosos escritos contribuyó a propagar la espiritualidad de sus maestros del Oratorio, al mismo tiempo que por su carisma propio le imprimía un carácter personal, hasta el punto de que se le considera a él también un maestro de espiritualidad.

Murió el 19 de agosto de 1680. El Papa Pío XI lo canonizó el 31 de mayo de 1925 y es elevado a los altares como uno de los incomparables santos de Dios.

 

 

Evangelizador y Formador

 

Una de las credenciales con que se presentan los eudistas es el ser Evangelizadores y Formadores, siguiendo las indicaciones y el ejemplo de san Juan Eudes, el cual lega a los eudistas este doble dinamismo de vida y misión, que se constituye en el carisma especial y específico:
Veamos estas características en la persona y el estilo de vida de san Juan Eudes:

1. EVANGELIZADOR. En su reflexión sobre el bautismo, san Juan Eudes anhela que el bautizado se convierta en un libro (Biblia) y un Evangelio viviente (OC III,53), lo cual manifiesta un ideal que aplica en su propia vida, esto es, evangelizar no sólo con la predicación, sino que toda la vida. El compromiso de san Juan Eudes como Evangelizador incluye, a su vez, diversos aspectos de formador a saber:
  • Misionero. Las misiones incluían predicaciones, celebraciones litúrgicas, confesiones, conferencias a diversos tipos de   personas. Recorrió infatigablemente Normandía, Bretaña y París, lugares en donde predicó más de cien misiones en compañía de otros sacerdotes.


  • Catequista. Su catecismo es respuesta a la necesidad de un apoyo para sostener la acción de la misión y de la predicación. Una de las herramientas que le fue altamente útil, es el catequismo, escrito por él mismo para reforzar la predicación y para dejar un instrumento práctico que contribuyera igualmente a la formación de los fieles y a la construcción de su fe. Puede considerarse variante del catecismo los cantos que enseñan los fundamentos de las catequesis, que contribuyen a guardar en la memoria elementos básicos del conocimiento de la fe.


  • Maestro de Oración. Parte de la acción misionera es enseñar a orar. En el marco de una estructura trinitaria, cristocéntrica y llena del Espíritu Santo, san Juan Eudes lleva al creyente por un camino de oración que recorre sus compromisos bautismales y que igualmente lo lleva a una profunda unión con Jesús. Dentro de diversas formas de oración subraya la oración de petición de perdón, de adoración, de asumir los sentimientos y disposiciones de Jesús, de entrega y, con mucho énfasis la oración de amor a Jesús, de alabanza y de glorificación.


  • Apóstol del Corazón de Jesús y María. La propuesta de una teología con el fundamento en el corazón muestra, desde este punto de vista, la realidad de la Trinidad, la encarnación de la “Palabra buena que brota del corazón” del Padre, y la acción del Espíritu Santo, llamado el Corazón de Dios. Desde una antropología del corazón, que representa la memoria, el entendimiento, la voluntad, los sentimientos, las tendencias, y, fundamentalmente, el amor, llega a la gran afirmación de que Jesús y María forman un solo corazón.

2. FORMADOR. Desde la perspectiva anterior, de san Juan Eudes como Evangelizador aparece con claridad el interés por la formación del pueblo cristiano en el aspecto de fe, de crecimiento espiritual, de lograr una profunda unión con Jesús. Sin embargo, más específicamente se pueden encontrar en san Juan Eudes aspectos directamente formativos

  • Colegio. La formación académica para jóvenes no entra en los primeros intereses formadores de san Juan Eudes. Sin embargo, las circunstancias le presentan una oportunidad en este campo que es aceptada y confiada a su comunidad. Desde esta perspectiva, la formación que los eudistas imparten a los jóvenes, está claramente impregnada del estilo y de la espiritualidad del fundador.

 

  • Seminario. La concepción de un seminario en su época (“seminarios de ordenados”) difiere grandemente del concepto que del mismo ahora poseemos. Con todo, es el seminario es una etapa decisiva para la formación de los sacerdotes. San Juan Eudes conoce una situación del clero muy precaria, carente de elementos fundamentales para la vida de un sacerdote, con el consiguiente perjuicio para las comunidades cristianas. De ahí surge la necesidad de formar sacerdotes santos, pastores y, por tanto, predicadores y misioneros santos. Los seminarios representan el gran campo de formación en la vida de san Juan Eudes.

     

       

     

     

    Escritor. Parte integrante en el desempeño de la acción de un formador radica en la redacción de algunos elementos que correspondan al proceso formativo. En la abundante literatura de san Juan Eudes, que se conserva en el momento, existen ejemplos notables de escritos de carácter abiertamente formativos. Dentro de ellos cabe destacarse las llamadas “Reglas Latinas”, para los padres eudistas, así como las constituciones originales para esta congregación. Igualmente y en un plano análogo, se puede mencionar las constituciones de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad. Por otra parte, con relación a la formación de laicos se tiene el libro fundamental en este terreno: "La Vida y Reino de Jesús en las almas cristianas”. Se podría mencionar igualmente como libro de formación el “Catecismo de la Misión”.


  • Espiritualidad y teología. La labor formativa de san Juan Eudes se desarrolla ampliamente en el plano de la espiritualidad de la unión mística con Jesucristo. En este terreno hay que destacar el proceso de descubrimiento de las grandezas de Jesús, de la acción de la Trinidad, de la presencia de la Virgen María. Su espiritualidad, con todo, está construida sobre una sólida estructura teológica, que remite indefectiblemente a la teología escolástica, pero que es también enriquecida con las propuestas teológica propiamente eudesianas, tales como la teología del corazón, la praxis de la misericordia, y la realización de las consecuencias del dinamismo de la encarnación, aún en los detalles nimios de cada día.

 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

LA HISTORIA DE UN SACERDOTE


P. RAFAEL GARCÍA HERREROS








(Cúcuta, enero 17 de 1909 – Bogotá, noviembre 24 de 1992)

El padre Rafael García Herreros Unda fue un sacerdote católico, Eudista, que se destacó en Colombia, durante el siglo XX, por sus palabras y acciones en pro de una nación justa, equitativa y en paz, a partir del encuentro personal con Jesucristo, revelador de Dios y dador de su Espíritu. Nació en Cúcuta el 17 de enero de 1909, hijo del General Julio César García Herreros y doña María Unda Pérez, quienes le inculcaron fervorosa piedad y profundo  amor  patrio.  Tuvo  seis hermanos: Carmen, Matilde, Antonio, Miguel, Julio y Ana Elvira. Estudió la primaria en el Colegio de las Hermanas de la Presentación y en el Colegio Provincial, en su ciudad natal; y el bachillerato en el Seminario Menor de Pamplona.



Cursó la filosofía y la teología en el Seminario Eudista de Usaquén, Bogotá, entre 1928 y 1934. Posteriormente, perfeccionó sus estudios en Filosofía y Sociología en Roma (Italia) y Friburgo (Suiza) entre 1950 y 1952.

Se incorporó a la Congregación de Jesús y María, Eudistas, en 1932 y el 19 de agosto de 1934 fue ordenado sacerdote, en Bogotá, por el arzobispo Paolo Giobe, nuncio apostólico. En la comunidad Eudista ejerció su ministerio presbiteral, primero en la formación de sacerdotes, de 1934 a 1950 y de 1952 a 1954, en los seminarios de Santa Rosa de Osos, Jericó, Mérida (Venezuela), Pamplona, Miranda, Cartagena y Cali, principalmente como profesor de Filosofía y de Lenguas clásicas (latín y griego); y después, en la dirección y realización de obras sociales y evangelizadoras.

Rafael García Herreros fue un sacerdote convencido de su ministerio y enamorado del sacerdocio de Jesucristo, siempre fiel a la Iglesia Católica, a la que defendió en

creyentes a vivir de una manera concorde con su fe:

¡Oh Jesucristo, esencial y único sacerdote de Dios!, desde el abismo de mi nada,   yo   te   adoro;   desde  el   fondo  de   mis   imperfecciones,  de   mis infidelidades, me humillo ante Ti, confiando en Ti, ¡oh perfecto adorador de la Trinidad!

Yo quiero invitarlo a usted a entregarse, a suplicar a Jesucristo que le envíe su Espíritu Santo. Ore continuamente, ore en pequeños grupos, porque donde dos o tres estén reunidos en el nombre de Jesús, allí estará Él. Ore para que se efectúe en usted el bello milagro de Pentecostés: el milagro de la perfecta conversión, el milagro del amor inusitado, el milagro de la alegría y del entusiasmo invencible por la propagación del Reino de Dios.

En su tarea evangelizadora y de promoción vocacional, desde 1935 empezó el padre Rafael a desplegar gran actividad literaria con sus “Cuentos”, de los que publicó unos 250 a lo largo de su vida; luego fueron apareciendo muchos otros escritos: obras teatrales, vidas de santos, crónicas, oraciones, páginas espirituales, etc.

El   padre   Rafael   fue   un   místico   y   reflejó   su   experiencia  interior   en   sus conversaciones, predicaciones, enseñanzas y escritos. Éstos, recogidos en diversos libros  y  folletos,  han  alcanzado  varias  ediciones.  En  la  colección  de  Obras Completas del P. Rafael García Herreros, han visto la luz ya 24 tomos, con temas como: Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo, la Iglesia, la Virgen María, el cristiano, Colombia, la paz, la justicia social…

La primera inquietud del padre Rafael siempre fue amar y servir a Dios:

Palabras a Dios... ¡A Dios infinito, a Dios como una Realidad! Tú eres mi Dios. Mi infinito. Mi Realidad. Quiero recordar simplemente que Tú eres una Realidad, que no eres una palabra ni eres un sueño ni sólo un concepto, sino que eres algo real, absolutamente real…

Hablemos del amor de Dios. Yo quiero hablarles de Ti, Dios mío. De tu infinito amor, de tu infinita belleza, de tu infinita ternura. Quiero invitarlos a todos al amor. Quiero invitarlos a todos a sumergirnos en el abismo de Dios, nos rodea de su amor y de sus bienes.

¡Quién te pudiera amar, Dios mío! ¿Quién pudiera cumplir tu voluntad momento  tras  momento?  ¿Quién  pudiera  no  olvidarte?  ¿Quién  pudiera hacerlo todo por Ti, no alejar el pensamiento de Ti? ¿Quién pudiera tener una idea clara de Ti? Todo lo demás es nada.   Todo lo demás no llena.   Todo demás da nostalgia.

El padre Rafael García Herreros tenía un profundo amor por la Palabra de Dios, que leía permanentemente y que impregnaba sus predicaciones:

A pesar de la infinita lejanía que nos distancia de Jesucristo, como Dios, sin embargo, estamos en una inmensa cercanía con Él, porque nos hace cuerpo suyo, miembros de su cuerpo y quiere que nosotros podamos decir: “En Él vivimos, nos movemos y somos”. “¿Quién nos separará del amor de Cristo? Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados ni las potestades, ni lo presente ni lo porvenir, ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro”.

Jesucristo, el infinito, el eterno, el adorable, el Hijo de Dios, igual a Dios, se aniquiló y se rebajó hasta ser hombre, hasta la muerte y muerte de cruz. Todo hombre cristiano, aun en los puestos más importantes, tiene la oportunidad de ser humilde, de ser modesto, de imitar a Jesucristo en su kénosis, que siendo Dios,  tomó  forma  de  siervo  y  siendo  hombre,  se  humilló  haciéndose obediente hasta la cruz.

En 1946 comenzó en Cartagena su actividad radial, con el programa “La hora católica”. En febrero de 1950 inició, también en Cartagena, el programa radial “El Minuto de Dios”, que transmitió luego desde Cali en enero de 1952, desde Medellín en septiembre de 1954 y desde Bogotá en diciembre de 1954. En enero de 1955, empezó la transmisión de “El Minuto de Dios” por televisión, programa diario (el programa vigente más antiguo de la televisión colombiana) a través del cual durante38 años habló acerca de Dios, del hombre y de la patria.

El padre Rafael fue un predicador que llamó permanentemente a los colombianos a la conversión, a la entrega personal a Jesucristo por la acción del Espíritu Santo, y al compromiso en la vida cristiana, con énfasis en los sacramentos del bautismo y del matrimonio. La Conferencia Episcopal Colombiana le otorgó, el 27 de agosto de1981, la medalla Inter Mirifica “por su infatigable labor al frente del programa el Minuto de Dios, con todo lo que supone de labor social y evangelizadora”.


La experiencia en comunicación social y el interés por propiciar la restauración de los valores cristianos en el país llevaron al padre Rafael García-Herreros a fundar una emisora en Bogotá y a desarrollar el trabajo de El Minuto de Dios a través de los medios de comunicación social. En   mayo de 1987, con la bendición del señor Cardenal Mario Revollo Bravo, salió al aire la Emisora Minuto de Dios (107.9 FM estéreo), “una emisora para la gloria de Jesucristo”, con programación cultural y
evangelizadora, que fue la semilla de nuevas emisoras.

De 1955 a 1958, el padre García Herreros fue director de la revista Cathedra, para sacerdotes.

En 1955 inició la atención a los pobres, la erradicación de tugurios y la construcción de viviendas, en diversos barrios de Bogotá. En 1956 comenzó, en la capital, el barrio Minuto de Dios, experiencia que el BID consideró modelo de erradicación de la pobreza.

Evangelizador y catequista, el padre buscó que el barrio fuera una comunidad cristiana organizada, solidaria y progresista, erigida canónicamente como parroquia San Juan Eudes, en 1965, por decreto del señor Cardenal Luis Concha. El P. García Herreros fue nombrado párroco, servicio que desempeñó hasta su muerte. Desde allí ejerció un liderazgo espiritual que se extendió por toda Colombia, impulsando la Renovación Carismática de la Iglesia Católica en el país. Propició la realización de retiros para sacerdotes, concilios de jóvenes, congresos de evangelización y conformación de grupos y comunidades de oración. En la parroquia florecieron diversos movimientos apostólicos, como Cursillos de Cristiandad, grupos neocatecumenales y, sobre todo, la Renovación Carismática.

Dotado de gran sensibilidad ante la belleza, el padre creó en el barrio Minuto de Dios, en 1966, el Museo de Arte Contemporáneo, con el propósito de apoyar a artistas jóvenes y hacer accesible el arte y la cultura a personas y familias de todos los estratos sociales. En 1971.


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